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Blog de STEPIEN Y BARNO – publicación digital sobre arquitectura
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QUE SUENE LA ARQUITECTURA

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Parece que la vuelta al cole está siendo más musical de lo esperado; ayer veíamos el post de Brijuni en La ciudad viva y hoy nos animamos nosotros con una entrada que intentará estar lo mejor entonada posible. En realidad, nos vamos a atrever con un tema bastante diferente a lo que solemos tratar en Stepienybarno. Así, reflexionaremos sobre cuándo la arquitectura es arquitectura y cuándo no lo es, a través de un imaginario hilo musical.

Ante tal osadía os pedimos un poco de clemencia, y os animamos a criticar nuestro planteamiento con mesura y cariño!

Sobre música y arquitectura hay mucho escrito, incluso experiencias físicas muy interesantes que van desde Le Corbusier y Iannis Xenakis hasta el Peter Zumthor y uno de sus pabellones. Pero, en este post, simplemente queremos utilizar la música como excusa para hablar de arquitectura, aprovechando que, de partida, funcionan por códigos gráficos con los que puedes representar ambas disciplinas.

¿Qué podemos decir del compositor musical y del director de orquesta? Estamos hablando de  personas creativas, que dan vida a un arte, en este caso musical, y que, para que se materialice, el compositor necesita de un pentagrama donde insertar  sus respectivas notas. Hasta aquí parece cuando menos factible la comparativa entre en ámbito lírico y la arquitectura. Además, se pudiera hacer la misma traslación en cuanto que  la música se orquesta por el director de orquesta, siendo en  este caso  el equivalente a la dirección de obra.

Como apunta Stephane Beel a este respecto, “todo arquitecto debería ser un director de orquesta. Como tal, no debería mostrar ni mucha arrogancia ni demasiada afectación. Es preciso ser conscientes de que se están dirigiendo las vidas de unas personas en concreto; que se está haciendo que ciertas cosas resulten imposibles o que, por el contrario, sean viables.”

Este director de orquesta es quien se encarga de que la sinergia musical pueda terminar con el gran aplauso del público. Aplauso que, curiosamente, los músicos y director tienen casi garantizado mientras que los arquitectos (se entiende, sin tirón mediático) y demás actores de la construcción lo tienen más que difícil; de hecho, es habitual el ninguneo a la labor de los arquitectos en la típica inauguración de edificio público con cinta para cortar para el político de turno.

Pero, volviendo a centrar el tema, ¿qué pasa con alguien que es sordo? Bethoven componía con una sordera galopante, y las notas fluían en su cabeza. ¿Acaso no eran música ya esos sonidos que aparecían en su mente? ¿O se convertían en música en el momento en que se plasmaban en notas del pentagrama?. En este sentido Zumthor es categórico cuando afirma que «La arquitectura es siempre una materia concreta. La arquitectura no es abstracta, sino concreta. Un proyecto diseñado en un plano no es arquitectura, solo una representación más o menos incompleta de la arquitectura, comparable a una partitura musical. La música necesita la ejecución. La arquitectura necesita la realización. Es el momento en que su cuerpo toma forma. Es siempre un cuerpo sensual. El trabajo del proyectar, está basado en esta sensualidad corpórea, objetual de la arquitectura, de su materialidad. Hacer una experiencia concreta de la arquitectura, es decir, tocar, ver, sentir, escuchar y oler el cuerpo. Hay que descubrir estas cualidades y adoptarlas conscientemente». Por ello,  si  la arquitectura no se consuma hasta que no se construye; haciendo la pertinente traslación, hasta que las notas se conviertan en sonido no son música. Entonces ¿qué hacía Bethoven cuando en su cabeza recorría toda la composición musical?. No estaba disfrutando de su música, porque si no era esto música ¿qué era lo que tanto le emocionaba hasta perder casi el sentido?.

Seguramente, se trate sólo de un problema de lenguaje y la necesidad del ser humano de poner palabras a todo lo que ocurre. La verdad es que estamos navegando por el mar de las metáforas, con todo lo que ello implica; en ese sentido, dice Campo Baeza, “Como cuando el aire atraviesa un instrumento musical y se produce algo maravilloso que es la música, pero que es aire. Se produce algo maravilloso en la arquitectura, que es luz. Cuando la luz atraviesa aquello, suena, si el instrumento está bien afinado y construido, suena maravillosamente bien.”

Quizás, sólo sea que, una vez más, queremos atrapar la esencia del arte y en este caso de la música y de la arquitectura, y, nuevamente, veamos que se nos volverá a esfumar de entre las manos. Todas las cosas importantes de la vida, la amistad, el respeto, el amor, a pesar de los ríos de tinta derramados en su intento, son bien difíciles de definir y mucho menos demostrar.

También se podrían hacer rápidas traslaciones de quién podría ser el adaggio de la arquitectura y, por contra, quién  sería la canción del verano. Seguro que para ambas se os ocurren muchos candidatos, ¿no?

* Este artículo ha sido escrito con carácter divulgativo y sin ningún tipo de ánimo de lucro. Así que, si te apetece compartirlo en cualquier otro medio, estaremos encantados de que lo hagas siempre y cuando cites el lugar donde lo has encontrado.

Autores de la entrada: Stepienybarno

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